Nuestro encuentro con el Señor hace que muchas veces el corazón se inflame y anhele amar mucho más. Este anhelo se hace más grande cuando conocemos la vida de aquellas personas que supieron amar de una forma más perfecta a Dios durante sus vidas.
Gran ejemplo es San Francisco Xavier –uno de los primeros miembros de la Compañía de Jesús-, al adentrarnos en su vida encontramos a un hombre que inflamado por el Amor de Dios viajó de Europa a la India durante más de un año en barco, y al llegar a este país lo atravesó de lado a lado a pie, buscando siempre ir más y más lejos llegó al Japón donde fundaría comunidades cristianas, para finalmente al ser llevado por el gran anhelo de incendiar el Oriente con el Amor de Dios, muere a las puertas de China a los 46 años de edad. Tan increíble fue su vida que durante tan solo los once años que duro su expedición evangelizadora pudo convertir a miles de personas al cristianismo siempre con el mismo celo que lo acompaño desde el momento de su conversión.
Otro ejemplo más cercano cronológicamente es la Beata Madre Teresa de Calcuta. Aquella mujer que a los 38 años y habiendo pertenecido a la Orden de las Hermanas de Nuestra Señora d
e Loreto durante 20 años, decide compartir su vida con los más pobres y fundar la orden de las Misioneras de la Caridad. En la cual hasta su muerte en 1997 trabajó por los más necesitados siendo su tarea la de lavar las heridas de los leprosos, recoger a los moribundos para acompañarlos en la hora de su muerte, acoger a los huérfanos y fundar varias casas en diferentes países. Realizando todo siempre con profundo Amor y una inmensa alegría, dando a conocer el gran Amor de Dios por todos aquellos que sufren.
Si pensáramos en cada santo o santa la lista sería interminable, en cada uno de ellos encontraríamos grandes testimonios de vida con muchos o pocos milagros. Pero es importante pensar en aquellos momentos mas “ordinarios” de estos hombres y mujeres, pensar en aquellos momentos en los que Francisco Xavier se cansaba de tanto caminar por unas tierras tan hostiles o en aquellos momentos en los cuales la Madre Teresa sentía malestar al limpiar las heridas abiertas de los enfermos. ¿cuántas veces aquellas pequeñas molestias del apostolado los habrán educado a ser más dóciles cuando las pruebas eran mas fuertes y duras?.
Esas pequeñas cosas
El no ver con claridad el plan de Dios en nuestras vidas hacen que perdamos de vista el celo que en cada momento debemos tener por obtener las santidad. Y este oscurecimiento nos hace pensar que solo haciendo grandes milagros o grandes cosas podremos ser santos. Vamos olvidando que la Santidad se gana día a día y en cada momento.
Si enumeramos las molestias de cada día nos daríamos cuenta de la gran cantidad que estas son, el viajar durante mas de dos horas diarias en bus, soportar el calor o el frío de cada estación, las pocas horas de sueño, las largas horas de estudio, la incomodidad de limpiar los baños de la casa, el tener que barrer todo el departamento, el tener que cumplir con nuestras oraciones diarias, el levantarnos temprano para ir al trabajo, el acostarnos tarde para poder terminar las tareas, el acompañar a un familiar enfermo, el escuchar a un amigo cuando lo necesita, el aceptar que el apostolado tiene un tiempo propio de maduración, el renunciar a los frutos ya que no son nuestros si no del Señor, o que a veces es mejor callar para no ofender al corregir con pasión.
Todas estas pequeñas molestias son las que nos hacen más santos, asumirlas y llevarlas con alegría es lo que nos va educando para que cuando llegado el momento de asumir una mayor cruz estemos preparados para poder abrazarla con mayor amor y no huir de ella con pavor.
Fueron estas pequeñas molestias las que forjaron los corazones de estos dos grandes santos, fueron estas pequeñas renuncias las que ayudaron a llevar una vida entregada a la misión que el Señor encomendó a cada uno de ellos. Y van a ser estas pequeñas molestias las que nos irán marcando el camino de santidad, cada una de estas pequeñas renuncias nos conformarán con el Señor Jesús y nuestros actos por más ordinarios que parezcan ante nuestra limitada vista serán extraordinarios ante la santa mirada de Dios.
Cuaresma, camino de preparación
En su mensaje para la Cuaresma 2009, el Papa Benedicto XVI nos invita a poner en práctica un medio de gran valor como camino de preparación espiritual más intenso. Este medio espiritual es el ayuno, el cual –como señala el Papa Benedicto XVI en su mensaje- “representa una práctica ascética importante, un arma espiritual para luchar contra cualquier posible apego desordenado a nosotros mismos. Privarnos por voluntad propia del placer del alimento y de otros bienes materiales, ayuda al discípulo de Cristo a controlar los apetitos de la naturaleza debilitada por el pecado original, cuyos efectos negativos afectan a toda la personalidad humana.”
Este es pues un medio eficaz para luchar contra los desórdenes de los gustos y el egoísmo. El ayuno es una arma eficaz que nos ayuda a mantener los ojos abiertos ante aquellas pequeñas molestias y nos anima a llevarlas con alegría, como acto de oblación a Dios.
Que la cuaresma sea un camino de aceptación y ofrecimiento de cada una de las pequeñas cosas que nos molestan en lo cotidiano y de las cuales muchas veces huimos. Este tiempo debe ser una constante aceptación de cada una de estas pequeñas cruces, las cuales nos preparan para abrazar con amor la gran cruz de la Pasión de Nuestro Señor.
Que San Francisco Xavier y la Beata Madre Teresa de Calcuta, intercedan ante Dios para que recibamos Gracia en abundancia y poder seguir peregrinando en este corto pero significativo camino que es cada una de nuestras vidas.
